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Mónica Cabrera



"Me da mucha satisfacción trabajar para gente que nunca fue al teatro"

 



Por Pablo Lancone

Antes de ser Rosa, la mucama de Cecilia Roth y Julio Chávez en el unitario Tratame bien, pocos reconocían a Mónica Cabrera por la calle. Pero lo cierto es que esta actriz tiene en su haber varios años poniendo su cuerpo y voz en el teatro de varieté. Sus espectáculos hablan de mujeres y en cada unipersonal se despliega una galería de personajes donde el humor divierte y hace reflexionar. Arrabalera, El Club de las bataclanas, El sistema de la víctima, The victory to la madrecita y Dolly Guzmán no ha muerto son algunas de las obras que se presentan durante estos meses en Buenos Aires que la tienen como protagonista.

-¿Cuándo y por qué decidiste ser actriz?
-En el año 1974 organicé una obra de teatro en el Pellegrini, con mis camaradas de la FJC para reunir dinero para la Campaña Financiera. Me alcanzaron la obra de Cuzzani, Sempronio. La adapté, hice la puesta en escena y la dirección de actores, tomé el personaje de Altísimo Comisionado, transformándolo en una señora muy autoritaria, y la representamos tras dos meses de ensayos. Al año siguiente tomé clases con unos alumnos de Alejandra Boero, y al egresar del Pellegrini, me inscribí en la escuela de Alejandra. Así fue como mis compañeros de militancia, otros adolescentes de 15 años como yo en aquel momento, revelaron mi vocación.

-Pero además de ser actriz, sos la autora de los monólogos que representás en tus unipersonales ¿Qué es lo que te inspira para escribir?
-Originalmente, como una lectora precoz, mis planes eran ser una gran escritora de ficción. Esto fue desde la niñez. Al conocer a los clásicos, en la adolescencia me achiqué y deduje que no tenía nada que agregar, que ya todo lo habían dicho mis mayores, y de una manera genial. Dando clases comencé a adaptar textos teatrales. Más adelante escribí obras cortas para ejercicios de actuación. Y por un impulso irresistible (como los crímenes pasionales) escribí obras infantiles, textos dramáticos, hasta completar casi unos treinta textos. La inspiración simplemente aparece o no, sentándome todos los días al menos una hora a escribir, y anotando en una libretita que siempre anda conmigo, cualquier idea, por extraña que sea, con la esperanza de desarrollarla algún día.

-¿Cuándo recibiste tu primer aplauso de un público?

-En tercer grado de la primaria, leyendo unos textos que yo había escrito para un audiovisual sobre Sarmiento.

-¿Cómo es tu espectador ideal?

-No tengo ideales con las personas. Me da mucha satisfacción trabajar para gente que nunca fue al teatro, en las cárceles, para gente que está sufriendo. Y me siento muy cómoda con auditorios muy numerosos, salas de más de cuatrocientos espectadores. Las salas pequeñas, con menos de cien localidades, me intimidan.

-¿Qué es el humor para Mónica Cabrera?
-Una manera de pensar, un recurso para aliviar el dolor, y un arma que hay que usar con mucha precaución y ética. También una manera de sobrevivir, y de descubrir quién es el interlocutor; de qué se ríe, y que no le hace gracia. Por la risa se descubren los miedos, los prejuicios, la clase social, la inteligencia, el bagaje cultural y la ideología. Creo que en el acto de reírnos juntos, se crea una gran complicidad; como una jauría que se identifica y se constituye.

-¿Cómo definís tu forma de hacer humor?
-Es un recurso natural, mi herramienta para analizar el mundo y opinar. Siempre es un acto político, porque siempre tomo partido. Mi objetivo es poder compartir algo que cualquiera, con información previa o sin ella, puede comprender y reconocer. Las conclusiones surgen después. Seguramente es humor popular, no esta dirigido a la elite. Una vez que el espectador absorbió el código, puede elegir que capa leer, acordar o no.

-¿Qué cosas te causan gracia?

-Los payasos, los cómicos argentinos clásicos, Jerry Lewis, los viejos programas de humor de la década del 50 y 70, Tato Bores, los Monty Pyton, Mel Brooks, Antonio Gasalla, Las Gambas al Ajillo, (Alejandro) Urdapilleta y (Humberto) Tortonese, el perro Coraje, Los autos Locos, Wallace and Gromit. En lo cotidiano las conclusiones insólitas, los razonamientos falsos, las desgracias reiteradas y las exageraciones en general.

-Tu personaje de Rosa en Tratame bien traía un poco de sentido común a la disfuncionalidad que era la familia de Cecilia Roth y Julio Chávez. ¿Cómo fue la experiencia de trabajar en ese unitario?
-Fue una experiencia buenísima, sin ninguna queja, cosa extraordinaria para mí que vivo quejándome. Aprendí a hacer un personaje durante un año, a estudiar un texto e incorporarlo rápidamente, a comprender que toma la cámara de mi actuación y lo que es el trabajo en equipo.

-¿Qué tal era la relación con ellos?
-Los actores eran todos de formación teatral, con una mística para trabajar, compañeros generosos que no abundan. Cecilia me enseñó cosas en relación a la técnica televisiva, y me salvó de cometer errores por inexperiencia. A todos mis compañeros les encantaba compartir las escenas con Rosa. El equipo de dirección y técnico mantuvo el buen humor y un clima de camaradería durante todos los meses de grabación. Siempre me sentí respetada, y que mis compañeros, admiraban mi trabajo. Éramos todos muy fans del unitario. No sé si esto es bueno o malo; porque me acostumbré a ir a trabajar muy contenta, y todo lo que haga después tendrá ese referente de tanta excelencia, inevitablemente.

-¿Cómo nace El Club de las bataclanas?
-En el año '99 empiezo a escribir para mi, probando como sería estar sola en escena. Diseñé un formato sencillo, de personajes muy distintos y canciones que esos personajes cantaban. Y me propuse, con una técnica autodidacta-anarcoempírica, descubrir si podía conservar el interés del espectador durante una hora, con una puesta apoyada en el texto y la interpretación. Y si podía tener la distancia y la frialdad como para componer personajes diversos sosteniendo un estilo.

-Además de ser todas ex bataclanas, ¿cuál es el dominador común que liga a tus seis personajes en este espectáculo?
-Son mujeres que el sistema no expone como modelos. Nadie desearía ser como ellas. Pero hay algo en cada una que tenemos todos, mujeres y hombres. Algo vinculado a los afectos, al paso del tiempo, a la injusticia y los sinsabores de la vida. Todas ellas, a pesar de sus pesares, conservan una gran vitalidad, una energía extraordinaria. Por eso escribí alguna vez, que son sobrevivientes. Los que no tenemos los atributos que el sistema vende como deseados, continuamos viviendo. No nos pegamos un tiro en la cabeza, a pesar de no medir un metro ochenta, no ser ricos, no ser bellos, elegantes y extraordinarios. A pesar de no tener certezas ni éxitos glamorosos, familias maravillosas, padres geniales, hijos bellos y amantes deslumbrantes. Igual nos tomamos el café con leche y encontramos felicidad, amor y triunfos.

-¿Cómo ves el género del varieté hoy en el espectáculo argentino?

-No soy gran cosa analizando nada. A veces me parece que uno opina a ojo de buen cubero, y puede decir cualquier gansada, sin tener datos o estadísticas, sin haber visto todo. Creo que en lo que se denomina "varieté" (que no se bien que es) hay ideas brillantes, actores insólitos, gran creatividad, conviviendo con rascadas descaradas, y gente que está en el denominado "teatro off" hasta tanto lo descubra Susana Giménez y lo siente en el sillón de Gasalla. Y el camino se torna un poco ficticio, poco creíble. Una de las cosas que más agradecemos los espectadores, es creer lo que sucede en escena. Inclusive que el payaso se tragó al elefante. Por lo menos puedo reírme de que el payaso está convencido de que se tragó al elefante.

 

Comentarios 

 
0 #1 21-04-2010 15:22
Genial actríz, me encantó. "Dale" jjjja
 

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