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Crítica: "Las Islas"


Entre el grotesco y el más crudo realismo, esta puesta de Carlos Gamerro propone una revisión a un doloroso capítulo de nuestra historia reciente.




Por Silvina Herrera

Hay algo en Las Islas que incomoda, que moviliza, que hace reflexionar. La obra dirigida por Alejandro Tantanian, basada en la novela de Carlos Gamerro, trata sobre la guerra de Malvinas y la forma en que fue silenciada en los años siguientes por los diversos sectores sociales y políticos, y lo hace con un lenguaje soez y escenas agresivas repletas de violencia.

Las Islas
se detiene en el planteo sobre cómo contar el horror, cómo el arte es capaz de transformar la crueldad de la historia en algo verosímil, cómo convertir el dolor más devastador en una pieza teatral con valores estéticos. Plantea también los diferentes modos de entrar a lo que fue la guerra de Malvinas, lo que dejó en una sociedad indiferente, lo que marcó en los cientos de jóvenes que fueron a pelear sin saber por qué, lo que influyó en la política posterior que se encargó de ocultar y barrer las huellas de una batalla vergonzosa. La obra se anima a correr riesgos, traspasar lo dado del lugar común, correr el polvo de la realidad para convertirla en un espacio de belleza y conmoción.

La historia central es la de Fausto Tamerlán, interpretado por un genial Luis Ziembrowski, un empresario que contrata al hacker, que al mismo tiempo es ex combatiente, Felipe Félix (Diego Velázquez) para que investigue qué pasó con su hijo desaparecido en Malvinas. Entrecruzada se cuenta la historia de Gloria (Analía Couceyro), que fue secuestrada y torturada y que tuvo dos hijas con su torturador. En el medio hay ex combatientes que quieren regresar a las islas para reconstruir la historia y un hijo homosexual abusado en busca de una identidad truncada. El tiempo y espacio en que se cuenta el relato es Puerto Madero en 1992, plena época menemista atravesada por la frivolidad, el gasto y el despilfarro.

El realismo y el absurdo del grotesco se mezclan casi en proporciones similares. Tal vez el momento más emotivo, crudo y realista sea cuando se baja el telón y el personaje que encarna Velázquez se queda hablando solo con los espectadores, reflexionando qué fue lo que pasó en Malvinas, cuestionando la indiferencia de la sociedad encarnada en los espectadores. Otro gran momento es el monólogo reflexivo, subjetivo y poético del personaje de Gloria que parece no encajar del todo con las escenas subidas de tono que ocurrieron poco tiempo antes.

En Las Islas no hay términos medios, se trata de una historia violenta contada con violencia, pero también da cuenta de una búsqueda crucial que tiene que ver con el ser y la identidad nacional, eso de lo que tanto se habla pero sobre lo que se reflexiona tan poco. Todo contado con una banda de música en vivo que acompaña las actuaciones y escenas visuales que aparecen por detrás, para no desencajar con la experiencia audiovisual que es tendencia en buena parte del teatro que se ve en la actualidad. Quizás por momentos la pretensión de contarlo todo pueda confundir un poco, porque las líneas se cruzan, los tiempos se desordenan y la provocación se superpone, pero el impacto está garantizado.



LAS ISLAS
De Carlos Gamerro

FUNCIONES
Miércoles a sábados a las 20.
Domingos a las 19.30.

LUGAR
Teatro Presidente Alvear - Av. Corrientes 1659, Ciudad de Buenos Aires.

ENTRADAS
Desde $10.- (Recomendada para mayores de 16 años).

 

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